viernes, 13 de abril de 2012

20º El llobín.


EL LLOBÍN

(EL LOBEZNO)

1943

     Hoy ha nevado, me escabullo después del desayuno, antes de que mis tíos o mi abuela puedan decirme que no. Al cabo de un rato, ya casi estoy arrepentido, me he cansado de hacer batallas imaginarias de bolas de nieve contra los árboles.

     Entre la nieve asoma algo oscuro, me acerco mejor, es un cachorro de lobo, aterido de frío, está medio muerto. su madre no puede andar muy lejos, pero si así fuera el cachorro estaría con ella. Sin pensar en las consecuencias lo cojo en brazos y lo  meto dentro de mi abrigo, contra mi pecho. El cachorro reacciona y feliz me pega un lametón agradecido. Varios días después me enteraré que han cazado una loba cerca de la aldea.

     De momento lo llevo al establo, donde están las vacas y el caballo, lo ato una cuerda para que no escape y le preparo una cama de heno para que esté calentito. Ordeño un poquito a una de las vacas  y se lo doy al cachorro, que me lame la mano, tengo que tener cuidado y ocultarlo.

      Creo que en casa sospechan algo. No es frecuente en mi, estar tan bien dispuesto para hacer cualquier recado que pase por el establo.

     Así que al final me pillan, el sitín ya está muy grande y era difícil que pasase desapercibido.  De momento me dejan quedármelo.

  Luego en las navidades, las pasamos con mi madre, juntos en la aldea y de nuevo de vuelta al colegio.  Ha conseguido que me vuelvan a admitir, aunque solo para lo que queda de curso. Me ha prometido que si todo le va bien me llevará el verano que viene con ella definitivamente y viviremos juntos en  Madrid.



     En agosto pasamos las vacaciones de nuevo en la aldea, voy a buscar a Lobo y ya no está, me dicen que se fugó al poco de irme. Me entristezco, pero me olvido enseguida, pues llegan mis primos y ya no me acuerdo más.

     Pasarán varios años, hasta que yendo por la feria, del Xiringüelu, en Pravia, un perro enorme se abalance hacia mi. Se trata de Lobo, que me tira al suelo y me llena la cara de lametones.

     El nuevo dueño me cuenta que se lo vendieron en esta misma fería, hará ya unos años, por que las personas que lo tenían no lo podían cuidar.

-          Es un buen perro, lo tengo en aprecio, más de una vez me ha salvado de algún mal trance. -Me dice el nuevo amo. Mientras le dá dos palmadas secas y afectuosas en los costados.

     Miro a Lobo, parece estar bien cuidado, miro sus ojos, y me dicen que se quiere venir conmigo, pero eso no puede ser. 

     Miro al hombre, a su nuevo dueño, y sé que es un buen hombre, que lo trata bien y no lo mata a palos. 

      Lobo al principio gruñe a su amo, y no quiere más que quedarse conmigo. Le llevo a un aparte y hablo con él como si fuera una persona y me entendiese. Le cuento que no me puedo quedar con él, que lo siento y que va a estar muy bien.

      Parece entenderlo, suelta un lamento, se frota contra mi, me lame la cara entera, y a una nueva llamada de su amo, va con él. Nunca se me olvidará cuando por última vez, giró su cara y me miro largamente, con ojos casi humanos, en los que pude leer su adiós,  que lo entendía y que su cariño siempre estaría conmigo.

     Creo que ese día comencé de verdad a madurar. Saber renunciar a alguien querido, por que sabes que es lo mejor para ese alguien.  Aunque no sea fácil.  De repente comprendí a mi madre cuando me dejaba interno en el colegio.  Entendí por fin sus motivos.

     Comprendo por fin a mi madre y sé lo absurda que fue mi escapada del colegio para ir en su busca. Aun y así no puedo evitar sentirme muy dolido por la separación. También por no poderme quedar con Lobo, y sé que así se debió sentir mi madre en aquel entonces. Amar a veces significa renunciar a lo que más quieres por que es lo mejor.

     Madurar es en parte eso, aguantar cosas que duelen y tirar para adelante. Tomar decisiones aunque no sean fáciles.

                 

Fin del capítulo 20º de Las memorias de Olvido.    


4 comentarios:

  1. Según lo leia iba imaginandome la escena y me daba penita sus tiernas palabras hacia el animalcuando se encuentran en la feria.
    Me gusta mucho la historia como transcurre.
    Un beso
    Mayte

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  2. Me quedan un par de historias que meter, antes de que vuelva a Madrid con su madre, pero no sé ni como empezarlas. Y luego esa segunda parte en Madrid, que no me convence, la veo floja, a ver como le meto mano al asunto. Está la de la excursión a Covadonga en que se perdieron dentro de las trincheras, y el pretendido milagro cuando veian a la virgen en las vias del tren, y también cuando Don Silvestre, el cura utilizó el dinero de las joyas de la virgen para socorrer a los danmificados de las inundaciones de la riada.

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  3. Hola Mayte, hacia mucho tiempo que no entraba enb tu blog, porque no he tenido ni tiempo para nada. Pero veo que no has vuelto a escribir nada mas. Animate. Un beso

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  4. Si es que tampoco tengo tiempo de nada, ya me pasaré (algún año de estos que me quede tiempo) a verte estoy liadisima, no encuentro documentación, o no sé buscarla para escribir las cositas que te comento más arriba y encima, por si me faltara algo, me entró un virus troyano que me ha destruido parte del disco duro, entre otras cosas las modificaciones que hice en Las memorias de Olvido. Bueno en realidad todos los archivos, lo que pasa es que creo que hice una copia de seguridad hace un par de meses, y como apenas he trabajado en ello, no será mucho lo que se pierda. Besotes, y seguimos en contacto.

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