jueves, 23 de febrero de 2012

14º - La tía Sagrario.


LA  TÍA  SAGRARIO


     Creo que durante la guerra pasamos hambre, pero casi no me acuerdo, era muy pequeño. Cuando terminó  si que  recuerdo haber tenido hambre y no haber podido comer. Pero al poco eso terminó mi madre traía todas las semanas un paquetito y con eso tirábamos mi madre, mi abuela Luisa y yo.

     Desde que empezaron a llegar los paquetitos fuimos mejorando de aspecto. Sé que mi madre no tanto por que guardaba una pequeña parte de aquello y lo vendía.

     Luego se marchó unos días y al volver las cosas poco a poco comenzaron a mejorar. Nos mudamos a un piso cerca de la estación del norte, y dejamos atrás el de mis abuelos al  que una bomba había derribado la escalera.

     Mi madre comenzó a vestir mejor y algunas noches se ponía muy guapa. Yo la preguntaba y ella me contaba que se iba a una fiesta con gente muy importante. Volvía muy tarde.

     Y un día mi abuela Luisa dijo que se mudaba a vivir a la casa de uno de mis tíos y no hubo forma de convencerla.

     Mi madre no acudió a trabajar ese día. Hizo una maleta con mis cosas y me pidió que la ayudase a ponerse una combinación que pesaba muchísimo. Estaba llena de bolsillos y con ella puesta y con la ropa, tenía el aspecto de una señora gruesa.

-          ¿Donde vamos mamá?

-          A ver a tu tía Sagrario.

     Cogimos el tren, al ladito de casa y marchamos, el viaje fue largo, yo me dormí en el trayecto.

     Desde la estación de Oviedo, caminamos un ratito y llegamos la casa donde vivía mi tía. Todo me sonaba vagamente familiar.

-          Me vais a perdonar pero apenas tengo nada que ofreceros.

-          Es igual Sagrario, ya traigo yo.

     Abrió mi maleta y sacó unos paquetitos hábilmente camuflados entre mis ropas.

     A mi me mandaron a jugar con unos niños que no recordaba, mis primos dijeron y ellas se quedaron hablando.

     Pasamos con ellos unos tres días, al cabo de los cuales , con mi madre ya adelgazada partimos a la aldea, y por fin conocí a mi abuela Herminia, se parecía mucho a mi madre.

-          Que guapo, es igual que tu.

     Mi madre sacó otra vez paquetitos que entregó a mi abuela y luego me mandaron  a explorar los alrededores.

     Dormimos allí aquella noche. Ellas estuvieron despiertas hasta muy tarde. Las oía hablar entre sueños.

     Al día siguiente mi madre había vuelto a engordar y las maletas pesaban mucho. Volvimos a Oviedo, al final de la semana  despedimos a mi  madre y yo quedé con mi tia Sagrario y mis primos. Mi madre se tenía que ganar la vida y no me podía dejar en casa solo.

     Mi tía está contenta y ya nunca falta comida en su casa. Una editorial la ha contratado para escribir un libro de recetas y le traen cuantos ingredientes necesita para confeccionarlas.

     Ella pide de más y reparte con sus vecinas, e incluso lleva algunas cosas a las monjas para sus huérfanos.

     Estoy muy bien aquí, me lo paso estupendamente, me he hecho respetar y ya no me llaman bizco ni otras cosas peores. El otro día fui con mis primos a ver una película de Tarzán y mi primo pequeño me ha empezado a llamar así  por que dice que soy fuerte y valiente como él, y ahora en todo el barrio me lo llaman.  Hecho de menos a mi madre.


Fin del capítulo nº 14 de Las memorias de Olvido

1 comentario:

  1. Tiernas palabras para describir la experiencia de un niño en tiempos en que sobrevivir era la meta por alcanzar dia a dia
    Un beso
    Mayte

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