domingo, 29 de enero de 2012

10º - El viaje

EL VIAJE
1941
     Iba dispuesta a todo con la rabia contenida de haber padecido tanto durante aquellos años. Llenarle de reproches, de insultos, que sé yo.

     Le echaría todo en cara. Cuantas noches que tuve que dormir en el suelo de una casa bombardeada y sin ventanas, con solo mi abrigo para protegernos mi hijito y yo del invierno.

     También mi dolor al morir uno de los niños nada más comenzar la guerra. Mi desgarro al perder al otro poco después que terminara.

    Todo lo que tuve que hacer para comer y que el pequeño que me quedaba no muriera.

    Y él tan tranquilo, jugando a sus jueguecitos de guerra, haciéndose el espía. Compartiendo su lecho con una barragana.

    Y yo sola. Sola y aterida, con el miedo, el dolor, el frío y el hambre, todo calado en los huesos y a través de la ropa harapienta. En una ciudad que no era la mia.

     Reuní el dinero, conseguí el salvoconducto, Madrid – Gijón.  Llamé al timbre. Me abrió ella. Tenía buen aspecto, no estaba flaca  ni llevaba la ropa raída como yo. Hice un esfuerzo, pregunte por él con el nombre falso que me había dado su hermano. No estaba.

-          Soy su esposa.

Quiso cerrarme la puerta en las narices.

-          ¡Zorra, puta!. Le grité.

Me enzarcé con ella, me pelee, necesitaba descargar mi rabia.

     Salí de la casa, nos miraban todos los vecinos. Me recompuse como pude y me fui, tenía que coger un tren.

     A él nunca lo volví a ver, me contaron que le descubrieron y lo mataron en el mercado en que trabajaba, dos días después de que mi  hijo lo fuera a visitar vestido de comunión. Me dolió que renegara de mi hijo. No me dolió su muerte. Tampoco me alegré.

Fin del 10º capítulo de Las memorias de Olvido.

sábado, 21 de enero de 2012

9º - ¿Fácil?


¿FACIL?    
1940

      En  realidad todo fue más sencillo de lo que parece, más sencillo allí en el momento justo, el que parece más difícil.   Y no lo fue, lo más difícil fue decidirme, atreverme y lo de después, la suciedad que no se hubiera ido ni con toda el agua caliente del mundo, si es que hubiera existido la posibilidad de darse un largo baño con jabón perfumado.

     No nada era fácil en aquellos tiempos de miseria, no era fácil conseguir comida, no era fácil proteger a tus hijos de la enfermedad y la muerte, no era fácil nada. ¿Por que esto era tan difícil?

 ………………………..

     Me enteré casi por casualidad, el tendero del  antiguo barrio había perdido a su mujer.  Mi intención darle el pésame aunque  supe de su muerte ya pasados unos meses. 

     Fui por allí, me arreglé lo mejor que pude. Me comporté con cortesía, me invitó a tomar un café en la trastienda, allí rodeada de tantas viandas apetecibles,   y yo con este hambre, pensaba en mi hijo.

     - Estas demacrada, pero sigues igual de guapa,  toma unas pastitas.

-          Noo, no yo...  Si no te importa prefiero llevárselas a mi hijo.

Entonces me pregunto por los niños, ya sabía lo de uno de ellos, pero ¿y los otros dos?

-          Cuanto lo siento, no me había enterado. Eso si que es una desgracia

     Yo miraba, sin querer hacerlo, a la comida, él me miraba a mí de la misma forma, siempre le había gustado, lo notaba, esas cosas una mujer las sabe.

-          Una esposa por mucho que se la quiera…. Pero un hijo, y encima dos, eso si que es una verdadera desgracia. Nosotros nunca tuvimos así que…

     Comenzó a preparar un paquete con  un poco de aquí otro poco de allá, procurando rozarse y tropezar conmigo.

     Y al final pasó. Cerré los ojos, no fue mucho peor que cuando lo hacía con mi marido sin ganas. Terminó rápido. Los paquetes con comida se habían desparramado por el suelo. Comencé a recogerlos. Él, que estaba algo gordo, todavía resoplando me dijo

   -Recógelo todo. Ven mañana cuando cierre la tienda, tendré más para ti.

     Me sentí avergonzada, estuve a punto de dejarlo todo allí e irme, en no volver jamás,  pero pensé en mi hijo, en mi suegra que se quitaba la comida por dárnosla, y susurré un  _Hasta mañana.

 ………………………..

      Solo fue el primero de aquellos hombres, luego vinieron más, y tuve suerte por que fui subiendo en el escalafón, cada vez más ricos, más importantes, pero eso fue la yo de después. Aquella noche, estaba aún horrorizada de mi misma, pero llevé algo de cena a casa. Mi hijo no cuestionó nada, era demasiado pequeño. Mi suegra me miró pero jamás dijo nada. Eran tiempos duros.

Fin del 9º capítulo de Las memorias de Olvido.

miércoles, 18 de enero de 2012

8 - La caja blanca


LA CAJA BLANCA
1939

     Es la segunda vez en mi vida que hago una cosa igual. Me levantan muy temprano. Me adecentan la ropa, llevo los zapatos muy relimpios pero eso no esconde lo gastados que están. Para el agujero de la suela ponen un cartón y un poco de tela para el relleno,por que me están grandes, eran de otro niño al que se le quedaron pequeños.

     En casa estos días se llora mucho, contrasta con la alegría general por que la guerra, que es una cosa muy mala ya se ha acabado. Por la radio hemos oído el discurso:  

-(…) “Metódicamente fuimos labrando la victoria (…) Acabaron, pues, los días fáciles y frívolos, en que sólo se vivía para el presente: nosotros viviremos para el mañana”(...) Ésta ha de ser la moral de la nueva España, el concepto de nuestro Movimiento y con ella haremos ¡ARRIBA ESPAÑA!, ¡VIVA ESPAÑA! (…)”
     Lo lee un señor de voz gangosa que según dicen es el que ahora manda más que nadie.

     Todos visten de negro. Vamos a la iglesia, el cura dice una misa muy triste y mi madre está deshecha por la pena.

     Después todos vamos al cementerio, detrás de una caja blanca. Yo voy detrás de mi abuela de la mano de mi tío  Benjamín.
      -          Esto es como lo de Miguelín ¿verdad?
     Mi tío asiente con la cabeza pero no dice nada. 

     Allí veo como desciende la cajita, echo un puñado de tierra, me acuerdo de Emilito y de su media vocecita.
     -          Uan, Uan, ven, jugá.  (Juan, ven a jugar).
     De  pronto a mis siete años, tomo conciencia de que no voy a volver a verlo y se me llenan los ojos de lágrimas.


Fin del 8º capítulo de Las memorias de Olvido.

viernes, 13 de enero de 2012

7- El tío Emilio


EL TÍO EMILIO
1938

     Mi tío Emilio me suele llevar a dar largos paseos, mientras mi madre, mi abuela  y la tía se van a ver a Emilito al hospital. Él, como está soltero es el que mantiene nuestra casa, aunque los demás hermanos también contribuyen con algo.

     Algunas veces vamos los dos solos y me lleva al Retiro o a dar un paseo. Otras veces vamos a ver a otros amigos y conocidos suyos, pero lo que más me gusta es cuando vamos hacia donde ponen el rastro, allí vive su novia de toda la vida.  Me gusta por que ella siempre tiene alguna golosina guardada para mí, y me da besos y me mima y me enseña canciones.  Me dice que cuando se casen me darán un primito para que juguemos juntos.

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      Mi tío Emilio es el mejor, él fue el que se enteró que prácticamente vivíamos en la calle desde que un obús destrozó nuestra antigua casa y nos llevó  donde mis abuelos y  convenció a mi abuela Luisa para que nos alojase. Mis hermanos enfermaron del frió y las privaciones dice mi abuela, Por eso Miguelín ya no está  y a Emilito le suenan unos pitidos en el pecho muy feos, y apenas crece y siempre está delicado de salud.

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     Del tío Emilio, oigo decir cosas en susurros a los mayores y yo aguzo el oído por que me interesa. Sé que es un espía, trabajando para los rojos mientras finge servir a los nacionales, ¿o es al revés?  Para ello se sirve de sus contactos, toda la familia de mi padre son militares de carrera, y mi abuelo es un alto mando también.  No sé en que bando están pero seguro que en el de los buenos.

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       Hoy aunque estamos en pleno invierno, y hace mucho frío,  luce un sol, como solo puede lucirlo en Madrid, vamos a mi sitio favorito, a ver a la novia de mi tío.    Cuando estamos llegando a la plaza de Cascorro, se acercan a nosotros dos policías de paisano o eso creo.  Se ponen cada uno a un lado de mi tío y le conminan a acompañarlos, le oigo decir algo  a mi tio sobre el niño pero ya no recuerdo más.

     Solo veo con la cabeza dolorida, desde el suelo y entre la niebla, alejarse a mi tío flanqueado por dos hombres. Luego no recuerdo más y no sé como llegué a casa de nuevo.


Fin del 7º capítulo de Las Memorias de Olvido.



jueves, 12 de enero de 2012

6 - El veraneo


EL VERANEO
1936

     Aunque  Emilito está muy pequeño hemos decidido viajar este verano a Madrid.   Miguel tiene mucho trabajo, está a punto de terminar el trabajo que le trajo a Oviedo y es bueno que vayamos los niños y yo a conocer a su familia y a ir buscando un lugar en el que quedarnos luego a vivir.
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     Manuel se ha cogido unos pocos días en el trabajo y nos va a acompañar para ayudarme con los niños y las maletas, luego él se vuelve. Aparte que está la situación muy revuelta y se oyen rumores de todo tipo. No es muy seguro que una mujer viaje sola en estos días.

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      Nos han buscado un alojamiento provisional a las afueras cerca del matadero municipal, y próximo a la casa de mis suegros. Como dice Miguel, Está lo   suficientemente cerca para vernos cuando queramos y lo suficientemente lejos para no tenernos que ver  si no queremos.
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          Miguel ya marchó y yo poco a poco me voy haciendo al carácter de los madrileños, son un poquito chulos, pero en el fondo son buena gente.

     Eso si, hace un calor infame y aquí se huele aún más la inestabilidad política, temo que estalle una revuelta como la de Asturias en el 34, con el agravante de estar en la capital.

     Casi agradezco el vivir un poquito retirada del centro, así si ocurre algo no  repercutirá tan directamente como en Oviedo, que casi me pilla en medio.

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      Ya ocurrió, mi suegra que tiene radio me lo ha venido a contar, han dado un golpe de estado, mi suegro, al que ya han movilizado, dice que esto huele a conflicto civil. ¡Dios, no, una guerra! y Miguel sin poder venir.



 6º capítulo de:  Las memorias de Olvido